Los posicionamientos contrarios a las plantas renovables son un efecto no deseado de la transición (…) La transición energética es una transición socio-técnica porque conecta los avances tecnológicos con la aceptación social. (…)La innovación social y la participación pública en los procesos de planificación de proyectos de energía son claves para su aceptación.
Una de las decisiones inherentes tras la firma del Acuerdo de París es la de electrificar la economía. Esta electrificación es necesaria para proveernos de energía no proveniente de combustibles fósiles y será la autopista por la que circule la energía generada a partir de fuentes renovables. Sin embargo, hasta la fecha se ha tendido a focalizar la atención en el desarrollo de proyectos para la instalación de plantas eólicas y fotovoltaicas.
La acumulación de estos proyectos y la dimensión alcanzada está generando cada vez más sinergias negativas con respecto a la transición energética.
Los posicionamientos contrarios a las plantas renovables son un efecto no deseado de la transición, estando muy presentes a medida de la escala, número y localización, que entran en conflicto con las aspiraciones de la población. Por ejemplo, el lema de “Not in my backyard” o NYMBY intentó aglutinar a quienes mostraban su rechazo a la construcción de plantas renovables y denunciaban las consecuencias sobre el paisaje. Desde STEP hemos defendido que el NYMBY es simplista porque construye una imagen de oposición frontal a las renovables que ha de ser que matizado.
Otro ejemplo se destaca en la diversidad de voces y planteamientos en los territorios y paisajes que acogen la transición como “renovables sí, pero no así”, este movimiento condensa la preocupación ciudadana por la falta de participación pública en los proyectos renovables en relación con su el ritmo de implantación y su envergadura.
Las plantas renovables están indisolublemente unidas a las redes de transformación y distribución de la energía, y su presencia es tan perceptible o incluso más, en la medida que su trazado va más allá del lugar donde son instaladas.
Las VI Jornadas de Trabajo de Paisaje de la Asociación Española de Geografía en 2024 se han dedicado a los “Paisajes de la energía. Transición energética, integración y conflicto”. Las Jornadas han integrado la reflexión y el debate sobre los viejos y los nuevos paisajes de la energía con el recorrido en campo. Con un carácter itinerante, han atravesado una parte de Castilla y León donde la minería, la generación hidroeléctrica y las renovables han transformado y continúan transformado el territorio y el paisaje. La tercera circular apunta a “pensar y debatir sobre su evolución, integración territorial, funcionalidad pasada y multifuncionalidad presente, sin olvidar la dimensión social y los conflictos generados”.

El recorrido ha permitido confirmar en qué medida los territorios son apropiados por las lógicas de las empresas eléctricas sin coordinación ni complementariedad alguna. Como también son apropiados por las subestaciones y redes de electrificación como las que centralizan en La Mudarra, activo principal del sistema eléctrico español por la densidad de líneas que recibe y parten para la distribución de electricidad al centro y norte peninsular. Y a su vez, ejercen un efecto llamada sobre proyectos renovables, eólicos por el momento, que buscan con avidez la presencia de fuertes vientos y la proximidad a la subestación.
La magnitud de estos proyectos en el territorio es tan apreciable como el proceso de despoblamiento, y nos lleva a plantear qué relación puede existir entre ambos.
Fotografía: Subestación transformadora Mudarra IBD, Valladolid
Los cuestionamientos acerca de la hoja de ruta de la transición, su relación con la planificación territorial y urbanística, la identificación y dimensionamiento de los frentes de impacto, quiénes participan en la toma de decisiones, y/o sus consecuencias actuales y a futuro, dan lugar a una fuerte controversia que enlaza con el concepto de justicia energética. La transición energética es una transición socio-técnica porque conecta los avances tecnológicos con la aceptación social. Las energías renovables son la solución a la escasez, inestabilidad y precio de los combustibles fósiles porque los desarrollos tecnológicos lo están haciendo posible. Cada vez es más fuerte el convencimiento de que son una solución limpia que llegará a ser asequible a todos.
La innovación social y la participación pública en los procesos de planificación de proyectos de energía son claves para su aceptación. STEP investiga en el desarrollo y aplicación de instrumentos que hagan posible una transición justa de la energía distribuida en la Península Ibérica, en favor de la justicia territorial y la integración de los paisajes de las energías renovables.