Hablar de paisaje, pensar en la contemplación de un espacio bello, armónico y útil. Hablar de energías renovables, pensar en menos contaminación y en una energía barata. La dificultad de conjugar ambos conceptos se plasma en las manifestaciones de rechazo de instalaciones concretas de energía renovable, manifestaciones no frente a esta energía sino frente a la forma en la que se hace presente en el territorio. Es entonces cuando hablamos de paisaje como el lugar con el que existe un sentimiento de identificación que no queremos se vea alterado. Una profunda reflexión sobre esta dualidad es imprescindible tanto para favorecer la inserción correcta de las energías renovables en nuestros territorios, como para lograr avances en la productividad y eficiencia de los dispositivos capaces de generar energía a partir de fuentes renovables.
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