Comunidades Energéticas frente a la despoblación: retos y oportunidades

Desde mediados del siglo XX, muchas de las áreas rurales de España se han visto sometidas a un importante proceso de despoblación.
Es precisamente en la lucha contra la despoblación, y especialmente en los municipios con menos de 100 habitantes, donde las comunidades energéticas rurales (CER) han adquirido mayor protagonismo en los últimos años. (…) las comunidades energéticas se posicionan como “grupos motores” para una transición energética justa, inclusiva y democrática, consideradas como vector fundamental para la vertebración de las comunidades rurales y con un abordaje integral vinculado al reto demográfico.
(…) estas iniciativas no deben ser vistas como soluciones a corto-medio plazo para revertir las tendencias demográficas de los municipios que se están despoblando. Es poco probable que corrijan las dinámicas que desde hace décadas imperan en algunas zonas de la España rural, sin embargo, sí representan una estrategia viable para mitigar los efectos adversos de la despoblación.


“Además del autoabastecimiento energético, queremos potenciar el orgullo de vivir en la tierra en la que vivimos, posibilitar la generación de nuevo empleo y atraer con ello a nueva población que esté dispuesta a asentarse aquí”.

Integrante del equipo tractor de “Luco Energía”

Desde mediados del siglo XX, muchas de las áreas rurales de España se han visto sometidas a un importante proceso de despoblación, un fenómeno estructural que afecta a gran parte del territorio europeo. En 2023, un 84% de los municipios españoles tenía menos de 5000 habitantes y de ellos un 20% eran municipios con menos de 100 habitantes. Entre sus características demográficas, estos ámbitos reflejan niveles altos de envejecimiento, baja fecundidad y masculinización.

Este escenario ha generado que los gobiernos, tanto el nacional como autonómicos y locales, pongan el foco de atención en estos territorios, planteando estrategias de cohesión territorial y sostenibilidad ambiental al amparo del denominado Reto Demográfico y en línea con las Agendas Internacionales de desarrollo sostenible (Agenda 2030 de los Objetivos de Desarrollo Sostenible), el Acuerdo de Paris sobre Cambio Climático y la Nueva Agenda Urbana. De esta forma, la simbiosis entre la transición energética y el reto demográfico se entienden como procesos complementarios destinados a alcanzar la sostenibilidad social, económica y ambiental que demandan dichos territorios. La Estrategia Nacional frente al Reto Demográfico (ENRD), destaca que es fundamental garantizar a la población para servicios energéticos de calidad, asequibles y sostenibles y, en general, a impulsar las energías renovables como motor de desarrollo y de creación de empleo. De hecho, en el Plan de Medidas ante el Reto Demográfico el eje de actuación 1 se dedica al Impulso de la Transición Ecológica.

Es precisamente en la lucha contra la despoblación, y especialmente en los municipios con menos de 1000 habitantes, donde las comunidades energéticas rurales (CER) han adquirido mayor protagonismo. En su gran mayoría con el respaldo no sólo de los fondos europeos, sino también con la participación, como impulsores en algunos casos y en condición de socios en otros, de los Ayuntamientos y entes locales, que entienden que si una comunidad energética es capaz de proporcionar beneficios medioambientales, económicos y sociales a sus socios o miembros, posiblemente ello genere sinergias positivas desde el punto de vista territorial, lo que puede atraer o fijar población en los municipios que se despueblan.

De esta manera, gran parte de estos pequeños núcleos rurales se han alineado de manera crítica frente al modelo de macroproyectos de plantas de energías renovables, que genera impactos negativos no sólo en relación con la desaparición de actividades tradicionales, sino también en lo referido a alteraciones del paisaje e incluso de la identidad histórica y cultural.

Fotografía: Reunión de miembros del grupo ecologista Alwadiira, comunidad energética HERES y cooperativas Candela y SOM Energía – Alcalá de Guadaira, 2024.

El análisis sobre la experiencia de algunas comunidades energéticas que ya están en funcionamiento en municipios de reto demográfico pone de manifiesto la importancia de estas entidades. Son entendidas como agentes claves para la revalorización de los territorios, la generación de nuevos empleos a través del aprovechamiento de los recursos energéticos locales, el impulso de la movilidad sostenible y la reducción de la pobreza energética. Además, están contribuyendo al fomento de valores perdidos, la implementación de proyectos de recuperación de memoria y patrimonio inmaterial y el fortalecimiento de las relaciones vecinales.

Desde un punto de vista demográfico, cabe señalar que en algunos municipios se ha observado la llegada de nuevos habitantes. Un caso ilustrativo de ello es el de Luco de Jiloca (Aragón), donde tras la puesta en marcha de la comunidad energética (2023) se han adquirido tres casas por familias sin arraigo al municipio y hay personas que han solicitado viviendas de alquiler.

En este contexto, las comunidades energéticas se posicionan como “grupos motores” para una transición energética justa, inclusiva y democrática, consideradas como vector fundamental para la vertebración de las comunidades rurales y con un abordaje integral vinculado al reto demográfico. No obstante, es importante señalar que estas iniciativas no deben ser vistas como soluciones a corto-medio plazo para revertir las tendencias demográficas de los municipios que se están despoblando. Es poco probable que corrijan las dinámicas que desde hace décadas imperan en algunas zonas de la España rural, sin embargo, sí representan una estrategia viable para mitigar los efectos adversos de la despoblación y, en cierta medida, contribuir a atenuar dicho fenómeno. Es destacable como las comunidades energéticas fomentan la implicación de los ciudadanos (gobernanza), fortalecen el sentido de comunidad y pertenencia, promueven la cooperación entre individuos, impulsan la economía local, favorecen la conexión entre localidades vecinas y ayudan a las personas a sentirse más arraigadas a su territorio. Incluso en algunos casos, crean redes de solidaridad intergeneracional.

Desde el Proyecto STEP trabajamos en el análisis de los impactos y beneficios que las comunidades energéticas generan en territorios de reto demográfico, utilizando una metodología cualitativa que permite conocer la percepción de la población implicada. Estamos convencidos de que para paliar la despoblación es fundamental que en dichos territorios se impulsen nuevos modelos de gobernanza energética, se empodere a las mujeres rurales, se forme y capacite a los jóvenes generando empleo para ellos, se transforme el modelo productivo impulsando el desarrollo rural, se garanticen los servicios públicos del entorno y la movilidad y se generen nuevas oportunidades que atraigan nuevos pobladores. Las comunidades energéticas pueden tener un papel protagonista en todo ello, solo hay que ayudarlas para que echen a andar.